En América del sur, la perforación de la lengua era común en el élite de las civilizaciones aztecas y mayas, aunque fuese realizada como elemento ritual, y no permanente. En esos tiempos se suponía que este tipo de piercing permitía entrar en contacto con las divinidades.
En nuestros días, un piercing en la lengua es cosa común, especialmente para las mujeres que si conocen sus virtudes excitativas y saben que semejante joya favorece una sexualidad desarrollada.
Se san en general talla de 16mm. Se pueden completar con accesorios adicionales para estimular las sensaciones por su materia (como la silicona) y su forma (por ejemplo con tentáculos). Una de sus peculiaridades es que por sus pequeñas dimensiones puede ser una sorpresa oculta para la pareja.

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